Trump afirma que la represión en Irán “cesa”, pero el mundo observa con cautela

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Un mensaje de calma desde Washington

En un giro que capturó la atención global, el presidente estadounidense declaró este miércoles que, según sus fuentes, la violencia en Irán está disminuyendo. Durante un evento en la Casa Blanca, afirmó que “la matanza… está cesando, ha cesado” y que no existen planes de ejecutar a los detenidos. Sin embargo, al ser cuestionado sobre una posible intervención militar, su respuesta fue un elocuente “Lo observaremos y veremos”. El impacto fue inmediato: los mercados asiáticos reaccionaron con un descenso del 3% en el precio del petróleo al día siguiente.

La respuesta de Teherán: negaciones y advertencias

Previo a las declaraciones estadounidenses, la sombra de las ejecuciones sumarias ya planeaba sobre la crisis. Activistas de derechos humanos habían elevado la alarma. En respuesta, el ministro de Relaciones Exteriores iraní salió al paso, asegurando a través de Fox News que no habrá ejecuciones de manifestantes “ni hoy ni mañana”. Este anuncio llegó después de que el grupo Hengaw reportara el aplazamiento de la ejecución de un manifestante, originalmente programada para ese mismo día.

La tensión entre Washington y Teherán sigue siendo palpable. El presidente estadounidense ha lanzado múltiples amenazas de acción militar, a lo que Irán ha replicado con promesas de atacar bases estadounidenses en la región. Esta escalada verbal ha tenido consecuencias tangibles, como la evacuación parcial de la crucial base aérea de Al Udeid en Qatar.

La raíz de la protesta: del pan a la política

Lo que comenzó como un estallido social por el alto costo de la vida se ha transformado en un movimiento que cuestiona los cimientos del régimen teocrático que gobierna Irán desde 1979. Grupos de derechos humanos denuncian que, aprovechando un apagón de internet de más de cinco días, las autoridades han desplegado la represión más severa en años.

Las cifras, aunque imposibles de verificar oficialmente, son estremecedoras. Según la organización Iran Human Rights, con sede en Noruega, las fuerzas de seguridad han matado al menos a 3.428 personas y detenido a más de 10.000. Mientras las autoridades organizan funerales masivos para sus “mártires”, el balance real de víctimas civiles sigue siendo una incógnita.

Un control frágil y una comunidad internacional alarmada

El gobierno iraní insiste en haber recuperado el “control total”. Su ministro de Exteriores habla de “calma” tras “tres días de operación terrorista”, y el comandante de los Guardianes de la Revolución acusa directamente a líderes extranjeros de ser los “asesinos de la juventud de Irán”. No obstante, nuevos videos verificados muestran decenas de cuerpos en una morgue de Teherán, evidenciando el alto costo humano.

La reacción internacional no se ha hecho esperar. El G7 se declaró “profundamente alarmado”, amenazando con nuevas sanciones. El Reino Unido cerró temporalmente su embajada, España instó a sus ciudadanos a salir del país y la ONU convocó a su Consejo de Seguridad. Un think tank estadounidense describe la represión como de una “brutalidad sin precedentes”, aunque reconoce que la actividad de protesta ha disminuido.

El telón parece cerrarse momentáneamente sobre las calles iraníes, pero la calma es precaria. Con miles de muertos, decenas de miles de detenidos y una comunidad internacional en estado de alerta, la crisis ha dejado una huella imborrable. La promesa de que no habrá ejecuciones “hoy ni mañana” ofrece un respiro, pero la pregunta que flota en el aire es: ¿y después?

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