Un comentario que resuena en la frontera
La relación comercial entre México y Estados Unidos, un entramado económico de miles de millones de dólares, se vio sacudida por una declaración del presidente estadounidense, Donald Trump. Durante una visita a una planta de Ford en Detroit, el mandatario calificó al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) como “irrelevante”, afirmando que “ni siquiera pensaba” en él.
La respuesta de México: convicción frente a la incertidumbre
Frente a estas palabras, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ofreció una postura diametralmente opuesta. En su conferencia matutina, se mostró “convencida” de que la relación comercial con el vecino del norte no solo se mantendrá, sino que es inquebrantable.
“Las economías de México, Estados Unidos y Canadá están altamente correlacionadas”, argumentó Sheinbaum, señalando que los principales defensores del acuerdo son, precisamente, los empresarios estadounidenses. Para respaldar su punto, mencionó una reciente inversión de empresarios estadounidenses en una empresa mexicana de transformadores, un gesto que interpreta como una señal clara de confianza.
Un tratado bajo la lupa
El T-MEC, que entró en vigor en julio de 2020, es la columna vertebral del comercio en Norteamérica. Surgió como una actualización del antiguo TLCAN y tiene como objetivo explícito fomentar la inversión, el libre comercio y la generación de empleo en los tres países. Sin embargo, su futuro parece estar en un constante estado de revisión.
Trump ha mantenido una postura crítica desde antes de asumir su segundo mandato en 2024, cuando anunció su intención de “reescribir” el acuerdo. Sus declaraciones más recientes en diciembre de 2025 no ofrecen mayor certidumbre: “O lo dejaremos expirar o tal vez lleguemos a otro acuerdo”.
¿Negociación o desintegración? El camino a 2026
Sheinbaum reconoce la posibilidad de cambios, pero enfatiza un enfoque pragmático. “Esta integración es muy difícil de resolver”, admitió. En lugar de hablar de ruptura, propone un camino de diálogo: “¿cómo seguimos avanzando en el tratado? Y si hay modificaciones, pues buscamos las modificaciones”.
La próxima prueba de fuego está calendada para 2026, año en que los tres países deben realizar una revisión formal del T-MEC y decidir sobre su extensión. Mientras Trump proyecta la imagen de un acuerdo prescindible, Sheinbaum pinta un panorama de interdependencia económica profunda, donde desenredar los hilos comerciales sería una tarea hercúlea para todas las partes.
La tensión entre la retórica política y la realidad económica marca el tono de lo que será una compleja negociación en los próximos meses.
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