La detección temprana de riesgos emocionales en niñas y niños comienza a ocupar un lugar central en la discusión pública y legislativa, especialmente ante el aumento de casos de ansiedad, depresión y otros trastornos que suelen manifestarse antes de los 14 años y pasar inadvertidos en el entorno escolar.
En días recientes, una iniciativa presentada en el Congreso local propone hacer obligatorios los tamizajes psicológicos en educación básica, tanto en escuelas públicas como privadas, con evaluaciones al inicio y al cierre de cada ciclo escolar, e incluso vinculadas a los procesos administrativos de cierre y egreso.
El planteamiento parte de una realidad conocida por directivos y docentes:
aunque el sistema educativo mide de forma constante el rendimiento académico, no siempre cuenta con mecanismos estructurados para identificar señales de riesgo emocional que inciden directamente en el aprendizaje, la conducta y la convivencia escolar.
Si bien la legislación ya menciona los tamizajes, especialistas coinciden en que la falta de sistemas estandarizados, trazables y basados en datos ha limitado su aplicación real, lo que abre un escenario en el que los colegios deberán anticiparse y profesionalizar sus procesos de detección y prevención.
Voz experta
Al respecto, el equipo de investigación de este medio consultó al Director General de Psicometrika Kids, una startup especializada en tamizajes emocionales impulsados por inteligencia artificial, quien señaló que la detección temprana es clave para evitar que los riesgos emocionales deriven en problemas académicos o de conducta más complejos.
Explicó que hoy ya existen herramientas digitales capaces de transformar evaluaciones psicométricas en información clara y accionable, permitiendo a las escuelas identificar patrones de riesgo, priorizar casos y tomar decisiones basadas en evidencia, sin recurrir a enfoques reactivos o improvisados.
“Cuando las escuelas cuentan con datos oportunos y confiables, pueden actuar antes de que el problema sea visible en el aula. La prevención no solo protege al alumno, también fortalece la gestión escolar y el clima educativo”, señaló.
En este contexto, la salud emocional infantil deja de ser un tema accesorio y se consolida como un factor estratégico para el aprendizaje, la convivencia y el cumplimiento de futuras exigencias normativas, especialmente para los colegios que buscan anticiparse y operar con estándares más altos de responsabilidad y profesionalización.






