Hooters en crisis: la icónica cadena de alitas se declara en bancarrota y vende 100 locales

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Un capítulo amargo para las famosas alitas

La emblemática cadena Hooters, reconocida mundialmente por sus alitas de pollo y el distintivo uniforme de sus meseras, ha dado un paso drástico para salvaguardar su futuro. La compañía solicitó protección por bancarrota bajo el Capítulo 11, anunciando simultáneamente la venta de sus 100 restaurantes corporativos.

Operación de rescate

En un movimiento estratégico, los locales serán adquiridos por dos grupos franquiciados con experiencia en la marca. Estos operadores, que ya administran un tercio de los establecimientos franquiciados en Estados Unidos, tomarán las riendas en zonas clave como Tampa y Chicago.

Sal Melilli, director ejecutivo de Hooters of America, aseguró que esta medida fortalecerá las finanzas de la empresa mientras mantienen “la experiencia que los clientes esperan”.

Vientos de cambio en la industria

La decisión llega en un momento turbulento para el sector “fast-casual”, donde otras cadenas como BurgerFi y Red Lobster también han enfrentado dificultades financieras. Hooters atribuye sus problemas al aumento de costos operativos y cambios en los hábitos de consumo postpandemia.

¿Regreso a los orígenes?

Lo más interesante: los fundadores originales participan en esta reestructuración. Neil Kiefer, uno de los creadores de la marca, promete un retorno a las raíces del concepto, con un enfoque más familiar que podría significar una reinvención del polémico modelo de negocio.

De ícono cultural a caso de estudio

Fundada en 1983, Hooters creció rápidamente gracias a su combinación de comida casual, ambiente deportivo y su particular imagen corporativa. Sin embargo, las críticas por la sexualización de su personal femenino y la competencia de nuevas cadenas fueron erosionando su posición en el mercado.

La pandemia fue el golpe final. A pesar de esfuerzos por modernizarse con entregas a domicilio y menús digitales, la compañía no logró recuperar su rentabilidad. Ahora, esta bancarrota marca un punto de inflexión para una de las marcas más reconocibles (y controvertidas) del sector.

Mientras los abogados trabajan en los tribunales de Texas, los clientes pueden respirar tranquilos: los restaurantes seguirán abiertos durante el proceso, aunque algunos locales podrían cerrar como parte de la reestructuración.

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