Reacciones abiertas
Al técnico de Chivas, Veljko Paunovic, le faltó autocrítica, y se escudó en un verso cansino, insultante, bobo, de proteger a quienes él ya sabía que estaban dispuestos a traicionarlo dentro y fuera de la cancha
LOS ÁNGELES — Chivas de nuevo a la deriva. Veljko Paunovic está fuera y el Guadalajara parece adentrarse en negociaciones con el argentino Fernando Gago.
¿Los motivos de la separación? Se irán conociendo. El concierto precipitado de rumores no cesa. Todas las versiones, obviamente, estercolan al ex técnico, a los jugadores, a los directivos, pero, lo más grave, a la institución que en un tiempo fue la más venerada en México. Hoy, es un hazmerreír.
Veljko Paunovic cometió errores en juegos clave, y especialmente en las rivalidades importantes, como ante América, cuando no fue capaz de imbuir casta en sus jugadores. EFE/ Francisco Guasco
1.- ¿Le indignó a Pauno que le impusieran el indulto a los castigados por indisciplina grave: Christian Calderón y Alexis Vega?
2.- ¿O acaso el divorcio absoluto con el desaparecido Pocho Guzmán, exabrupto que afirman algunos, llegó a los golpes?
3.- ¿Negarse a utilizar al arquero Óscar Whalley?
4.- ¿Los resultados y la forma en que Pumas lo elimina?
5.- ¿El hartazgo de las intromisiones de Fernando Hierro y del cuñado de Amaury Vergara, Alejandro Manzo?
6.- ¿Todas las anteriores?
Ciertamente Pauno cometió errores en juegos clave, y especialmente en las rivalidades importantes, como ante América, cuando no fue capaz de imbuir casta en sus jugadores, la mayoría de ellos apóstoles fanatizados del descaro aburguesado.
Y ciertamente, a Paunovic le faltó autocrítica, y se escudó en un verso cansino, insultante, bobo, de proteger a quienes él ya sabía que estaban dispuestos a traicionarlo dentro y fuera de la cancha. Es cierto: si le fue arrebatado públicamente el derecho a la autoridad, quedó desnudo y castrado ante el vestuario, pululado por cínicos más dispuestos a lincharlo que a redimirlo.
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Sin duda llama la atención la extraña –ya sea además absurda o perversa–, forma de manejar al equipo por parte de Hierro, Amaury y el cuñado incómodo. Prefirieron fortalecer a las manzanas podridas (Chicote, Vega y Guzmán), antes que sentar un precedente genuino, valiente, gallardo, honesto, sobre cómo imponer disciplina.
Siendo evidente, por ejemplo, que desde el 4 de marzo, en el 2-0 sobre un Santos desahuciado, Víctor Guzmán no volvió a aparecer con ese peso de caudillo, figura y jugador sobresaliente, que prometió llevar a Chivas al título, aún así, se le dio el privilegio de la duda, incluso cuando reportes desde Pachuca aseguran que su representante fue a ofrecerlo hace unos días, antes incluso del partido de vuelto ante Pumas.
Sí, Pauno cometió muchos errores, pero, era claro que el vestuario era un tugurio sin ley, orden, ética, responsabilidad ni compromiso. Recuérdese que el mismo Fernando Beltrán en un podcast con Miguel Ponce, le relata toda la crisis, todo el cisma, todo el sismo que ocurrió en el medio tiempo de la Final de Vuelta ante Tigres, yéndose al descanso con un 2-0. Unas chivas convertidas en el lobo de otras chivas.
play 1:55 Paunovic renuncia, se hace a un lado del proyecto de Chivas El técnico serbio deja al Rebaño luego de dos torneos y un subcampeonato al frente del equipo.
Y en esa misma charla, Beltrán incrimina a sus compañeros, y claro pone de relieve la incompetencia de Paunovic para pegar un grito de autoridad y poner orden para el segundo tiempo. En lugar de la armonía que suele rescatarse al término del medio tiempo en cada vestidor, según el relato de Beltrán, los jugadores salieron gruñéndose y ruñéndose unos a otros. Y Tigres se encontró con un adversario partido, resentido, desconcertado.
Por supuesto, toda esa sangre negra que emanó y manó el vestidor en ese medio tiempo fatídico, se enquistó para el siguiente torneo, este Apertura 2023 que está por terminar. Ni Pauno ni nadie previó que esa podredumbre se había arraigado entre jugadores de cancerígenas actitudes.
La confesión de Veljko en conferencia de prensa posterior a la debacle ante Tigres, y la narrativa de Beltrán, dejan en claro que el Guadalajara entregó el partido, sin que ello demerite, necesariamente, la resurrección felina.






