Una Noche de Furia y Lágrimas en Mineápolis
La tensión estalló en las afueras de Mineápolis. Agentes federales respondieron con gases lacrimógenos y pimienta a una multitud que clamaba justicia por Renee Nicole Good, una poeta y madre de tres hijos de 37 años, muerta a tiros por un agente del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE). La escena, cargada de rabia y humo, no fue un hecho aislado. Desde Nueva York hasta Los Ángeles, y en ciudades como Seattle, Detroit y Chicago, se replicaron movilizaciones similares, pintando un mapa nacional de descontento.
El Incidente que Encendió la Mecha
El caso de Good se ha convertido en un símbolo. Según los reportes, todo comenzó cuando agentes se acercaron a su vehículo. Al intentar ellos abrir la puerta, Good puso el auto en reversa en un movimiento breve. Fue entonces cuando el agente Jonathan Ross, ubicado frente al auto, disparó varias veces, acabando con su vida. Las autoridades, en una narrativa que choca con la de los manifestantes, acusaron a Good de “terrorismo”.
La justificación oficial llegó de niveles altos. La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, defendió la acción del agente Ross, argumentando que “sintió que su vida corría peligro”. Un detalle que alimentó esta defensa fue un incidente previo: hace seis meses, Ross resultó herido tras ser atropellado por un conductor que huyó. El vicepresidente JD Vance sugirió que este trauma pudo hacerlo “sensible a la idea de ser atropellado de nuevo”.
Una Investigación Bajo Sombra
Mientras las calles ardían, la transparencia en el caso parecía congelarse. Investigadores en Minnesota revelaron un obstáculo crucial: la fiscalía de Estados Unidos y el FBI les negaron el acceso a evidencias y les prohibieron participar en la investigación. Esta negativa levanta un muro de dudas sobre el proceso, alimentando las acusaciones de un encubrimiento.
La voz del filósofo y político Cornel West resonó con dureza: “Seamos claros: el asesinato de la hermana Good en Mineápolis no es un incidente aislado. ¡Es un paso más hacia el fascismo al estilo estadounidense!”.
Portland: Otro Episodio Violento
Casi en paralelo, la ciudad de Portland, Oregon, vivió su propio capítulo de violencia. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) reportó que agentes de la Patrulla Fronteriza hirieron a quien identificaron como “un inmigrante ilegal venezolano afiliado al cartel Tren de Aragua”. Según su versión, el individuo intentó atropellarlos con su auto durante una revisión selectiva.
“Temiendo por su vida y su seguridad, un agente disparó en defensa propia”, declaró el DHS. El conductor, junto a un pasajero, logró darse a la fuga. Este incidente, presentado por las autoridades como un enfrentamiento con el crimen organizado, añade otra capa de complejidad al ya enmarañado debate sobre seguridad y derechos en la frontera.
Un País Dividido en la Mira
Las protestas bajo consignas como “no más ICE” y “justicia ya” contrastan con las cifras oficiales que buscan legitimar una postura dura. La secretaria Noem precisó que, solo en Mineápolis, ya se han detenido a 1,500 migrantes. Para muchos, esta estadística no es un triunfo de la ley, sino la prueba de una maquinaria represiva que traspasa límites.
La muerte de Renee Nicole Good ha trascendido el hecho policial para convertirse en un punto de fractura. Mientras el humo de los gases lacrimógenos se disipa, la pregunta que flota en el aire es más densa: ¿estamos presenciando una aplicación extrema de la ley o el surgimiento de una nueva y alarmante normalidad?
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